Ciudades de Marruecos

Hace algunos años me regalaron un libro sobre Marruecos, en concreto era el “Larousse de Marruecos”, (por cierto os recomiendo el libro es muy bueno).

Aquí os dejo unos pocos párrafos que he sacado de él, les he añadido unas imágenes de las pinturas de Mariano Bertuchi el gran pintor de Marruecos y que falleció en nuestro querido Tetuán en el año 1955.

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Tetuán y las ciudades del Mediterráneo 

     Tetuán se ve a sí misma como una blanca paloma (Su símbolo principal) posada sobre el hombro de África, aunque su aspecto es más bien el de un ave de presa solitaria anidada en las oquedades de las rocas….Orgullosa y secreta, Tetuán vive a la vez con su pasado de capital y la rudeza de una ciudad de montaña actual.

La medina de Tetuán corresponde a una ciudad fundada por refugiados andaluces: un palacio real alrededor del cual se extienden un profundo y sombrío mellah (barrio  judío) y un inmenso laberinto de calles donde se puede vagar en paz.

      Las raíces de Tetuán se remonta al exilio: el de los musulmanes y judíos de Granada que huían a finales del Siglo XV de la Reconquista de Isabel la Catolica.

      El habitante de Tetuán se enorgullece de representar la elite intelectual del norte del país. Su universidad es especialmente dinámica. Si se recorren los bulevares peatonales de la ciudad nueva, flanqueados por edificios hispano moriscos, se pueden descubrir unos locales de estilo antiguo donde la burguesía masculina viene a charla o a hojear la prensa marroquí y española.

      Tetuán Capital del protectorado español  a partir de 1913, la guardia personal del general Franco se formaba  de soldados procedente de esta ciudad. Ciudad íntimamente ligada desde la época romana a la península Ibérica gracias a sus estrecha relaciones comerciales.

      El carácter andaluz  de Tetuán, hoy en día  a pesar de su ritmo mediterráneo, no es  el de un  ambiente festivo de aperitivos y tapas, sino el de la otra Andalucía, secreta y encerrada en sí misma, que esconde sus pasiones o la expresa con  altivez y gallardía.

      Tetuán, y su costa no se parece en nada al interior del país  y despliega una riqueza tal que dio origen al mote popular de  “Costa de la pasta”.  La arquitectura de las residencias frente al mar, edificada por las grandes fortunas de Casablanca y Rabat, es una perfecta copia de la de la “Costa del Sol”.  El estilo de vida también: desde levantarse a la hora de comer hasta el aperitivo bajo una pérgola, la cena a la luz de las velas, este es el estilo de vida de “Kabila, Marina Smir, Cabo Negro, Restinga, o Ksar Rimel “

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Los misterio de Tánger

       De todas las ciudades marroquíes, Tánger es seguramente la más difícil de desentrañar. Puede que no sea ni asombrosa ni seductora a primera vista, pero  la “Perla del estrecho” cautiva por la atmósfera impalpable que reina. Los que sucumben a sus encantos se convierten en partidarios incondicionales.
Todos los tangerinos, cualquiera que sea su condición lo saben todo de su ciudad: la alaban hasta envolverla en un relato tan incesante como profuso y sin cesar pulen su aura mítica. “Aquí vivía la multimillonaria americana Bárbara Hutton”, “allí Kerouac tomaba café” “Allen Ginsberg  y Francis Bacon decían..”.

      Tánger sigue viviendo con los poetas,  y pintores: El Café de París donde solía sentarse Tennessee Williams, el hotel El Minzah  donde aún resuenan las risas de Rita Hayworth y de Winston Churchill .

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El Rif contempla el Mediterráneo


      Una leyenda cuenta que el estrecho de Gibraltar fue obra de Hércules, que separó las montañas de Calpe y Ávila. Por ello, el Rif levanta orgulloso sus cimas dominando una costa escarpada que es una auténtica maravilla desde Tánger hasta Said.

      Las columnas de Hércules señalan un doble corte en una única cordillera montañosa: por un lado en Gibraltar, donde acaban las sierras béticas, y del otro en las orillas  marroquíes, donde empieza el Rif. La cordillera del Rif, entre la extensión calcárea de los Bokkoyas y el bloque volcánico de los Beni  BuIdiz encierra la turística bahía de Alhucemas.

      Una agradable carretera conduce hasta allí desde la afamada Saida, llamada la “perla azul” por las delicias de su playa de fina arena. El paso de Taza es la única vía que comunica el Rif con el Atlas Medio. Está  bordeada por sobrias casas de campo diseminadas en las pendientes y edificadas en piedra oscura.

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Alhucemas y los enclaves españoles 

      Alhucemas tan sólo existe desde la década de 1920.   Entonces llamaba Villa Sanjurjo, por el nombre del general que proyectó la ciudad en un lugar donde calas y caletas se suceden a lo largo de la costa. Cerca de esta población, bastante bien conservada, se escondía  el independentista  “Abd el-Krim”  que luchó ferozmente contra los ocupantes franceses y españoles durante la época del protectorado. En la costa norte también están “Ceuta y Melilla” antigua e imponente plaza militar que son españolas desde 1309 y 1496 respectivamente.

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Fez la magnífica 

      Fez tiene fama de ser de las tres ciudades más bellas del mundo árabe. No es difícil convencerse de ello recorriendo el laberinto de sus callejuelas, cuyos encantos son todo un reclamo para los sentidos. En Fez se da cita el esplendor de la vida política y cultural y en ella se respira el alma de toda una civilización.

      Tras atravesar “Bab Bujelud” la más conocida de las puertas que se abren sobre la medina de “Fez al-Bali” el paseante entra en un universo diferente: el aire de “Las mil y una noches” impregna las callejuelas donde, tras las celosías, pueden entreverse las miradas fugaces de los habitantes. De repente, unas mulas enjaezadas y cargada con ladrillos ocre rojizo o rollos de tejidos multicolores cortan el paso. En algún pasadizo asaetado por el sol, hay minúsculas tiendecillas que ofrecen al paseante montones de dulces, montañas de telas o murallas de utensilios de cocina.

      Más abajo, en el barrio de los artesanos de la piel, el recogimiento sólo se rompe por el leve susurro de los buriles que repujan el cuero. No muy lejos están los curtidores, anunciando por un fuerte olor que sube de las cubas donde pisan las pieles sumergidas en los tintes.

      El trabajo del cuero es tan antiguo como la civilización marroquí. Beneficiándose de la experiencia árabe y berebere, más antigua aún.

      Marruecos supo procurarse una artesanía digna de la riqueza de su doble herencia  el trabajo del cuero fue muy pronto exportado a todo el Mediterráneo. Aún se encuentra en Tánger  las ruinas de tenerías prestigiosas en otro tiempo: en Tetuán, la sillería tenía fama por su gran sofisticación: y en Marrakech o Tarudannt  se siguen produciendo, como en Fez.

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Marrakech puerta del desierto

      Marrakech es, sin duda alguna, la ciudad de Marruecos que más sueños ha despertado desde la década de 1960. Puerta entre el Magreb y el resto de África, a orillas del desierto, etapa importante en la ruta de las especias, es una capital rutilante, célebre por su placentera y  la afabilidad y la generosidad de sus habitantes.

      Todo en Marrakech gira alrededor de Jemaa al-Fna, zoco lleno de vida, parada obligada para el viajero, esta plaza es ante todo el primer paso hacia la sorpresa más absoluta. Sacamuelas, encantadores de serpientes, acróbatas, recitadores, vendedores de especias y de esencias mágicas se dan cita cada noche.

      Ciudad creada por Yusef ibn Tasfin en el siglo XI, la ciudad apenas conserva monumentos de los tiempos almorávides, ya que sus sucesores, los almohades, intentaron borrar su recuerdo.

El valle de las Rosas 

      Allí donde el  Alto Atlas entra en el sur, en el fértil lecho del Dadés, florece cada años el valle de las rosas regado por el río M”Guna. Crecen miles de rosas silvestres. Resulta sorprendente que pueda florecer todo un valle de rosa. A una altura de más de 1 500m. Los marroquíes tienen este valle en muy alto aprecio, ya que les proporciona la famosa agua de rosa.  Una gran parte de la producción se exporta para la fabricación de perfume. Separan los tallos de los pétalos y vierten estos últimos en unas cubas de las que finalmente manará el agua maravillosa. Se necesita  cinco kilos de rosas fresca para obtener un kilo de capullos secos y una tonelada de pétalos para extraer un litro de agua de rosa.

 

 

Las ciudades del interior 

      No conviene menospreciar la importancia de las ciudades pequeñas en un país donde  la mitad de la población sigue siendo rural. Los pueblos siempre albergan sus zocos correspondientes, lugar de cita donde los campesinos acuden, una o dos veces por semana, a vender sus cosechas o comprar productos de primera necesidad.

     Aunque las ciudades pequeñas no han experimentado el desarrollo de Casablanca o Rabat, siguen siendo lugares que desempeñaron su papel en la historia del reino. Tal es el caso de al-Ksar al-Kebir (o Alcazaquivir), hoy día un zoco grande sin mucho interés pero que tuvo sus días de gloria.

      Aquí es donde se encontró con el sultán la delegación del conde de Mornay  enviada  por el rey Luis Felipe de Francia en 1832 y en la que participaba el pintor Eugène  Delacroix. Y el campo de Alcazaquivir también es el lugar donde se desarrolló en el  siglo XVI la batalla de los “Tres Reyes”, soberbiamente reconstruida por el cineasta Manoel de Oliveira.

     Más al norte, en una pendiente de la montaña, Xauen, sigue siendo una ciudad enigmática, tanto por su belleza de cal azulada como por su hermética  historia: ciudad del exilio para los musulmanes y los judíos que huían de la reconquista.

      Las murallas y mezquitas, los portones y la deliciosa y minúscula alcazaba se remontan al siglo XV.

      Situada entre el Rif y el Atlas Medio, Taza es una Plaza fuerte que conoció cierto auge desde el siglo X. A causa de su situación estratégica, que la mantenía al resguardo de los ataques, se vio elevada al rango de capital.

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Casablanca, ciudad vigía

      Poco atractiva pero de gran importancia para el país,  Casablanca es como el faro de Marruecos.

      Hay cierta tendencia a hacer creer que Casablanca es una ciudad desprovista de pasado creada por el residente general Lyautey, quien decidió, caprichosamente, que hubiese una población a lo largo de esta bahía de la costa atlántica. Sin embargo, aquí ya existía una ciudad pequeña, cargada de vestigios, quizá modestos, pero que se remontan a la prehistoria, de la que se han hallado algunas huellas, el lugar debió de ser también fenicio.

      Los comerciantes españoles instalaron aquí establecimientos y bautizaron la ciudad con el nombre que todavía conserva: Casablanca.

      La actividad del puerto no cesó de intensificarse hasta que, en 1912, Lyautey decidió hacer de esta ciudad el principal centro comercial protectorado francés. El residente general de Francia designó al arquitecto Henri Pros  para dirigir la expansión urbanística de la que acabaría convirtiéndose en la famosa Casablanca que hoy conocemos.

Textos extraídos del libro “Larousse de Marruecos” año 2001 perteneciente a la serie “Larousse del viajero” de la Larousse Editorial.