Guillermo Jimenez

Any Cueto nos manda esta anecdota de un amigo suyo.

      Somos muchos los tetuaníes que deberíamos ir desgranando esos valiosos recuerdos que tenemos de nuestra querida ciudad de Tetuán: me encantaría que poco a poco, fuerais más activos y trajerais a esta página vuestras vivencias, hay cantidad de cosas que cada uno de nosotros encierra en ese lugar que se llama “nostalgia” de un tiempo que fue, que no será jamás lo mismo, lo sabemos todos, pero que a través de todos nosotros, para nuestros hijos y nuestros nietos, podrían cobrar actualidad.

      Que mejor regalo para nuestros descendientes que dejarles un testimonio escrito de nuestra  niñez, de nuestra juventud, de nuestra adolescencia y por qué no también de nuestra edad madura ya que hay muchas personas que abandonaron Tetuán ya adultos, y yo, estoy segura, que podrían contar más de un recuerdo sobre nuestra querida tierra, que muchos de nosotros ignoramos.

      Estoy convencida de que una vez que os decidáis a evocar algo de lo vivido allí, poco a poco vuestra mente os traerá una imagen, una cara conocida, un lugar, y eso hará que nuevos recuerdos afluyan a vuestra memoria y que gracias a ellos todos nosotros podamos compartirlos.

      Es porque me gustaría que alguien se decidiera a hacerlo que le he pedido a un buen tetuaní que está dotado de una gran memoria, amigo entrañable donde los haya  y además buenísima persona, que me ha dado su autorización para que, en su nombre escriba esos recuerdos a los que me refería antes para que poco a poco, vayáis sabiendo cosas que muchos de vosotros ignorabais de Tetuán (yo personalmente muchas de sus anécdotas no las conocía y ha sido un placer poderlas descubrir mientras me las iba contando), muchos de vosotros quizá las conozcáis, pero siempre es agradable poder escuchar esas cosas inéditas, insólitas, y muchas de ellas inverosímiles que sucedieron allí en Tetuán. Este gran amigo se llama Guillermo Jiménez Ibáñez, vivía con su familia cuando se vino para Sevilla de donde su padre era oriundo, en el Pasaje Buruaga y de donde guarda gratísimos recuerdos de todos los amigos-vecinos que allí vivieron.