Historias del Ferrocaril

      En los años 40 existían las que se llamaban las matuteras, eran mujeres que pasaban de estraperlo mercancía de Tetuán a Ceuta y viceversa, para Ceuta solían llevar productos del campo y de Ceuta se traían todo aquello que no se podían conseguir fácilmente en Marruecos. Las autoridades lo sabían y las vigilaban.

     Os voy a contar una anécdota que le ocurrió al padre de un vecino y amigo mío. Era guardia civil y hacia el trayecto de vigilancia contra el contrabando en el tren, un día se encontraba haciendo el servicio  camino a Tetuán,  el tren iba repleto de personas, mas que nada de matuteras, este hombre llevaba mucha calor y una sed tremenda, entonces vio que una mujer llevaba un botijo grande y le pidió que le dejara beber, la mujer se puso nerviosa y no sabia que hacer. Señor agente le dijo, el agua esta muy calentona de darle el sol a lo que el guardia civil contesto es lo mismo es para mojarme los labios, ni corto ni perezoso  atrinco el  botijo y se puso a beber pero entonces resulto que en vez de salir agua comenzó a caer un polvillo oscuro tirando para negro, aquello era café.

     La matutera no savia que hacer ni que decir, el padre de mi amigo era una buenísima persona le dijo  te tengo que quitar el Café y llevarte al cuartelillo, pero la mujer se  puso a llora y a decirle que tenía seis niños y su marido ganaba muy poco, que  por eso ella tenía que hacer de matutera, el agente le dio pena y le dijo voy hacer que no he visto nada  esta vez, pero la próxima  que te pille no podré hacer nada, cuando lo contó en su casa no paraba de reír.

     Decía si me hubierais visto como me puse la cara y la boca de Café era para reírse de la ocurrencia  de la mujer de pasar Café en un botijo, si no es por que le pido agua ni me entero y parece ser que no era la primera vez que  pasaba el botijo lleno de Café….

     Esto es una anécdota que habrá ocurrido más de una vez en el ferrocarril.

     Más de uno de ustedes,  habrá viajado en nuestro querido tren a Ceuta, yo lo solía hacer con mis amigos en Semana Santa por los años 50, marchábamos a Ceuta a pasar el día y ver la  Semana Santa. Comíamos en el famoso Bar los Pellejos muy conocido por sus callos, ante nos tomábamos unas cervecitas “África Estar” que se fabricaba en Ceuta, en casa de Paco Bigote, ¿os acodareis de Paco Bigote?, en las servilletas de papel tenia la propaganda que decía, en Madrid Perico Chicote, en Ceuta Paco Bigote, tenía unas exquisitas tapas y además era muy agradable, bueno luego por la noche, el regreso para Tetuán era una fiesta la  maquina de carbón y con mas vagones de la cuenta, no podía con su alma  al llegar a la cuesta del Rincón del Medid, nos bajábamos un montón de persona e íbamos andando al lado del tren hasta subir la cuesta cuando llegaba arriba el maquinista se liaba a pitar para que todo se subieran al tren, y se dejaba ir cuesta abajo  hasta los llanos de Malalien era una fiesta el viaje se pasaba fenomenalmente mas de unos os acordareis de estos viajes, pues nuestro querido Tetuán era una maravilla vivir en él, te podías divertir de cualquier manera y pasarlo bien, con sus Playas, con su Feria, con sus carreras de Motos, con las compañías de teatro, como Fiesta en el Aire, que actuaban artista noveles de Tetuán que se celebraba en el Teatro Nacional  en la calle la Luneta junto a mi casa, lo presentaba Gaspar Tato Cumming, y Serafín García Vázquez, los artista eran todos de Tetuán. Entre ellos varios amigos mío, como Antonio el relojero más conocido como el Capitán Maravilla, tocaba la guitarra y su hermana una magnifica bailaora, también mi amigo Fader, que era Marroquí y cantaba Flamenco uno de los mejores cantando por fandangos, y Osca Majarin, El niño del Cerro, Manolo Vega,  el  habichuela, Tere la bailadora, y muchos más, también  actuaba el Conejo que el pobre no sabia cantar y se presentaba por Flamenco y todos lo votábamos en plan de guasa, una noche cuando termino la función aclamamos al  Conejo como si fuera un torero, lo cojamos en hombros entre una cantidad de persona gritando  “viva el conejo, alirón, alirón  el  Conejo campeón”, lo llevamos a hombros  hasta el Parque y cuando llegamos al estanque de los patos lo metimos dentro, hasta el Conejo se moría de risa  diciendo soy el mejor.

Como estas cosas y muchas más agradable solía pasar en nuestro Tetuán.

Un relato de José Domínguez