La Mili

 

Igual que todos vosotros yo también hice la mili y os cuento algunas cosas que me pasaron.

      La hice en Artillería 30 de Tetuán, pero el campamento que  fue de cuatro meses lo hice en Ronda (Málaga).

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      Salimos de Tetuán el día cuatro de Febrero del 1958 con destino Ronda, ese día dormimos en  un cuartel de Ceuta. A nuestro cargo pusieron a cuatro veteranos, uno de ellos era cabo, este era de Canarias y constantemente nos gastaba alguna novatada, por ejemplo nos hacia la “petaca” en  las camas, esto consistía en hacer un embrollo con la sábana de encima de la cama de manera que el novato no pudiera estirar las piernas, lo que le obligaba a deshacer la cama y volverla a hacer. Al día siguiente embarcamos para Algeciras, una vez allí  nos quedamos todo el día en transeúntes, este era un cuartel de paso para militares, solía estar en muchas ciudades.

      Como el cabo seguía con sus novatadas, nos pusimos de acuerdo los cinco de Tetuán para darle un escarmiento al canario.  Éramos, Pepe Cabaña, Arque, hijo de Arque que era profesor de gimnasia y tenía un Gimnasio,  al cual yo iba, Antonio Serrano, Fernando, Carlos, y yo, quedamos en hacerle alguna broma  en su momento.

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      Al día siguiente llegamos al campamento,  era un fuerte cerca de la estación de ferrocarril de Ronda, tenía unos diez barracones con el techo de uralita. Cada barracón era una Batería compuesta por cien reclutas,  a nosotros  nos toco la séptima batería, como cabo nos toco  el canario, el Capitán y el Teniente  eran unas bellas personas, pero el Sargento era de armas tomar,  tenía gafas con los cristales redondos y le decían el sargento bicicleta, en la batería no había servicio ni cuarto de aseo. Los servicios estaban en la parte alta del fuerte y consistía en una zanja en el suelo, cuando estaba llena la tapamos y hacíamos otra nueva y así  hasta que termino el campamento. En el fuerte había seis pilones grandes, donde solían beber los caballos y era donde nos lavábamos. En Febrero cuando llegamos, Ronda estaba totalmente nevada, por las mañanas había que romper con las mano el hielo para podernos lavar. Una vez  a la semana nos bajaban al único Cuartel que había en Ronda  y nos duchábamos, yo como tengo familia en Ronda conseguí permiso de Sábado a Lunes hasta el toque de diana, por lo que aprovechaba esos días para asearme bien en casa de mi tía.

      Dos veces a la semana hacíamos gimnasia, cuando el Capitán nos vio a Arque y a mí como la hacíamos, nos dijo que la diéramos nosotros, por lo que nos llamarón enchufados  los demás compañeros  y nosotros nos reíamos.

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     El Sargento tenia la manía cuando estaba de semana  que al toque de diana entraba con el cinturón en la mano pegando a diestro y siniestro, a la vez iba diciendo ¡¡arriba todo mundo, gandules!! al que pillaba con el cinturón lo dejaba bastante jodido, nos pusimos de acuerdo los de Tetuán, Ceuta,  Larache, Tánger  y algunos de la Península de que el imaginaria que estuviera por la mañana nos llamara sobre las siete y así fue, nos levantamos y nos pusimos todos detrás de la puerta y cuando el sargento  fue a entrar con el cinturón y chillando salimos todos a tropel, lo arrasamos y cayó al suelo, las gafas se le hicieron polvo, claro que esto no podía acabar así y se vengó de nosotros haciéndonos dar vueltas por el patio durante varias horas a paso ligero con el mosquetón en alto.

      Llego la jura de bandera,  ese día nos dieron comida especial, incluso vino, que estaba bastante bueno por lo que recuerdo. Ese día al ser de fiesta nos atrevimos a ir al Capitán y pedirle permiso para poder gastarle una broma al cabo canario, nos lo concedió, pero siempre que no nos pasáramos demasiado, buscamos al cabo y cuando nos vio, parece que se hubiese imaginado algo porque salió corriendo, pero al final después de perseguirlo por todo el campamento le dimos caza y lo tiramos a un pilón de agua, con la ropa y las botas mojadas no podía salir y allí lo dejamos, esa fue nuestra venganza.

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      Ya se acercaba el día de márchanos para nuestro querido Tetuán, una tarde estábamos afeitándonos en unos de los pilones Pepe Cabaña ,Arque, Antonio Serrano, Fernando y yo, cuando lo que estaban alrededor nuestro  nos preguntan  cómo se vivía en África, pues su familiares les habían dicho que tuvieran  mucho cuidado que allí había muchos animales salvajes sueltos, por aquellos tiempos  se pensaba que en Tetuán andaban los animales salvajes por las calles como si fuera la selva, esa era la idea que tenían de Tetuán los reclutas y sus familiares, entonces mire a Arque y a los demás, les guiñe y les dije a los que preguntaron,  tenéis que tener mucho cuidados con los Leones y los Tigres, que andan por allí,  mirad, el cuartel de artillería donde vamos esta al lado de un rió que se llama el Mejazni y por las noche suele ir a beber al rió los leones y los tigres, al lado están las garitas del cuartel, así que cuando os toque guardia en las garitas y veáis a las fieras meteros en la garita y estaros quietos sin moveros pues como se den cuenta van por vosotros y darán buena cuenta de ustedes, serán para ellos una formidable cena. Más de uno comenzó a temblar, se le puso la cara blanca y los ojos lloroso, mientras  nosotros aguantando la risa para que no se dieran cuenta, que todo era un camelo.

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      Cuando llegamos a Tetuán los de allí nos buscamos nuestro destino, a mi me ayudo mi tía Leonor, que era la cajera de Casa Ros y tenía una gran amistad con  el teniente Caro y su señora. El pertenecía a Artillería en la comandancia militar, así que yo dormía en mi casa y trabajaba todos los día en Casa Ros,  solo tenía que ir cada tres días por la noche para hacer refuerzo de guardia, en toda la mili solo hice tres refuerzo, el motivo es que había un muchacho de mi compañía que era de León y no recibía dinero de su casa , por lo que no tenía ni para tabaco, se quedaba en el  cuartel sin salir y a mí me daba pena, era muy buena persona,  por lo que más de una vez  le daba para que cogiera  el trolebús,  le di mi dirección y venia a casa a comer y muchos Domingos merendaba conmigo en el bar. Entonces  le propuse que me hiciera los refuerzos y por cada uno le daba 50 pesetas, a él le pareció estupendo.  Cada tres días que era cuando tenía refuerzos bajaba al cuartel a las nueve de la noche para estar presente en el sorteo del horario que me tocaba,  le entregaba el horario más las 50 pesetas y  me marchaba para casa, así hasta que me licencie.

     Nosotros los de Tetuán como nos hemos criado más o menos entre militares por la cantidad de cuarteles que habían en la ciudad, nos sabíamos las triquiñuelas militar, todos teníamos amigos que eran hijos de militares, yo en concreto varios,  uno de los cuales era mi vecino, Rafael Gallego,  éramos como hermanos, su padre era capitán de la mejannia en el departamento de contrabando.  En mi cuartel conocí a un alférez de complemento, este solía ir al bar de mi padre en la hora del paseo o cuando tenía servicio por la calle, también gustaba de salir con los de mi pandilla, para que le presentáramos algunas de nuestras amigas, el caso es que entablamos buena amistad.

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    Recuerdo un Domingo que fue el teniente Caro al bar a verme y a pedirme que hiciera el favor de bajar al cuartel a llevar  unos documentos, era urgente pues tenían que salir por la mañana muy temprano para Ceuta, cogí el trolebús y fui al cuartel a dejar dichos documentos, cuando llegue vi que estaba de guardia el alférez, me acerque a las oficinas y entregué los documentos, al salir para marcharme el alférez me dice que me tengo que quedar acompañándolo en la guardia, eso es imposible le contesto, me están esperando mis amigos para ir al cine y me dice que lo siente pero que me tengo que quedar con él a jugar al domino, nos pusimos debajo de una palmera a la entrada del cuartel a jugar, mando traer dos cervezas y dos bocadillos de mortadelas frita, por cierto era la primera vez que yo comía mortadela frita, al rato le digo, ”mi alférez me invita a otra cervecita y otro bocadillo” y mando repetir la convidada, pasada más de una hora, le digo que tenía que ir al servicio, me levanto y me marcho para intentar salir por la otra puerta , pero el cabo de puerta dice que no puedo abandonar el cuartel, que son ordenes del alférez,  no me esperaba eso, así que me dirijo a la parte de atrás que se comunicaba con el cuartel de automovilismo donde mi tío el marido de la hermana de mi padre era Brigada y vivía en el mismo cuartel. Pero el centinela de Automovilismo no me dejaba pasar, puesto que iba de paisano y no me conocía,  me dijo ”tienes que salir por tu cuartel”,  le comento entonces que soy sobrino del Brigada García y no se lo creía, llame con voz fuete a mi tía varias veces hasta que me escucho, al salir se sorprendió al verme y le dijo al centinela “déjalo pasar”, pase y le conté a mi tía lo que pasaba, así que después de tomar un café con mis primos me fui a la parada del trolebús me monte y cuando pase por la parada de Artillería me asome a la ventana y llame a  alférez, le dije “adiós mi alférez y gracia por la merienda”,  yo no paraba de reír y él decía me las has jugado, esto es una anécdota que me ocurrió. Al final fui junto con los de  Tetuán, Tánger y Larache, los últimos en licenciarnos, pues tuvimos que desmantelar el cuartel y llevar todo a Ceuta,  pues ese año fue el ultimo que hubo cuarteles en Tetuán.

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