La Plaza de Intendencia

   En la plazoleta de Intendencia que estaba detras del Teatro Nacional en la calle La Luneta, era donde nos reuníamos el grupo de amigos  para jugar. Algunos de ellos vivían en la misma plazoleta como, Jacinto, los hermanos Seguras, Barrientos, Manolo, Carlos, Paquito, Roberto, Pedrito, Antoñita, Rossi, Loli, Remedio, Marujita, Isabelita y la más importante, Paqui. Paqui tenia un hermano y una hermana. Su hermana Chelo estuvo en el mes de Mayo de viaje por Tetuán con la asociación La Medina, en ese viaje tambien iba mi hermana y de esta manera he podido contactar con ella. El padre de Paqui mas de una véz llevo el autobús del Atletico de Tetuán, pero no quiero desviarme del tema, Paqui era muy amiga mía, algunas tardes solíamos ir a la Judería a comprar dos o tres perras gordas de revoltijo, erán un puñado de pipas, pasas, almendras y garbanzos tostados, nos sentabamos en la plazoleta y nos lo comíamos con todos los amigos,  bueno también estaban dos hermanas que vivían en las casas de los militares que había en la plazoleta, hijas de un comandante, eran Carmen, y Teresa, a  Teresa le encantaba jugar al pincho. El pincho es hacer un cuadrado grande en el suelo terrizo de la plazoleta y dividirlo por la mitad. Dos de los participantes cogen uno de los terrenos  y otro dos el otro y se lanza el pincho y donde clave se marca  hasta que uno pierda todo el terreno, luego estábamos los que vivíamos en la Luneta, mi vecino e intimo amigo, Rafael Gallego, sus primos Antonio y Pepe Gallego, Juan Valle, Miguelito, Eduardo, y Pepe el Rubio, este vivía en el callejón la Mehala.

calle la Mejala 2

A la derecha vemos el callejón de la Mehala que salia a la plaza de Intendencia

     Bueno en la plazoleta jugábamos todos  al palicachi, al trompo, a las bolas, al hoyo lanzando las moneda de perra gorda negra de metal, al fútbol. Teníamos nuestro propio equipo, club deportivo La Luneta, tenia la sede el equipo en un sótano debajo de mi casa en la Luneta_34. En la planta baja vivía Miguel  íntimo amigo de mis padres,  Miguel tenía el bar “La Gran Peña” que estaba en la Plaza España. El tenia además de su piso un sótano, el cual nos dejo para que montásemos el club, lo  patrocinaba su hijo Miguel y Oscar Majarin. Oscar vivía al  final de la calle Luneta y trabajaba en un almacén  farmacéutico que estaba frente al Cine Misión Católica al lado de Sogema, años mas tarde se vino para España para dedicarse  a la canción que era su vocación.   

       Un día estabamos jugando un partido de fútbol contra el barrio Muley Assan, en el campo de fútbol que había en el cuartel de ingenieros situado en la carretera de la Torreta más conocido como el charco de la Pava, en la plazoleta se quedarón algunas niñas, entre ellas Paqui, ella estaba sentada en un portal junto con otras amigas, de repente apareció un perro rabioso se abalanzó sobre ellas, todas salierón corriendo, pero Paqui se quedo parada y asustada, el perro se lanzo sobre ella y le mordió, comenzo a gritar y salierón las vecinas entre ellas su madre, a ver que pasaba, echarón al perro y la llevarón al Hospital, estuvo mas o menos como en cuarentena casi haciendo vida normal pero a pesar del tratamiento paso sus tres últimos días de vida  muy mal con muchos dolores fueron muy dolorosos esos días para su familia y para todo nosotros, en la plazoleta solo había llanto y tristeza,  no se escuchaba risas ni alegría ninguno teníamos ganas de jugar, ni de reír,  cuando al cabo de tres día de sufrimiento falleció fue muy triste para todos, incluso musulmanes e israelitas pasarón por allí para dar las condolencias, la caja la llevamos entre tres amigos y su padre, por la calle Luneta llegamos a la plaza de España y desde allí en coche al cementerio, recuerdo que le acompaño muchisima gente, despues de este suceso yo estuve dos o tres meses sin ir por la plazoleta.

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Intendencia

Entrada plaza Intendencia

Os dejo un poema dedicado a Paqui

Recuerdo de mi niñez alegre y triste a la vez

Cuando niño era en mi Tetuán
en mi calle y plazoleta de juegos
el Sol venia y se iba
y la lluvia caia sobre mi Tetuán

¡Quiero salir a jugar!
Un par de cometa cazar
sublime como una estrella Fugaz
el Sol viene y se va
en la plazoleta de mi Tetuán

En la plazoleta reunión de amigos y amigas
jugábamos sin parar
niños y niñas alegres están

Plazoleta de Intendencia llorando esta
día  triste y de dolor acaba de llegar
¡que absurda y terrible es la vida!
cuando una amiga y bella niña
con ojos alegres y mirada angelical
un monstruo perverso que tu dejaste entrar
de un mordisco la dejo marchitar

¿Por qué plazoleta? , ¿ por qué?
¡al perro rabioso dejaste entrar!

Ya no hay risas ni alegría
todo es tristeza y melancolía
en la  Plazoleta  durante muchos días
¿por qué  plazoleta?,  ¿por qué lo dejaste entrar?
al perro mugroso y baboso
¿por qué  plazoleta?, ¿ por qué lo dejaste entrar?

¡La bestia que dejaste pasar!
con su mordisco corto
a la Rosa más hermosa de tu Rosal
¿por qué? , ¿por qué plazoleta lo dejaste entrar?

La plazoleta y todo Tetuán
desde la Morería a la Judería
lloran y suspiran
por aquella niña
de dulces ojos y mirada angelicalque
un monstruo rabioso
la corto de tu rosal
¿por qué Plazoleta?  ¿por qué lo dejaste entrar?

 casas en Intendencia detras de la calle luneta

 

     Ahora os quiero hablar sobre el horno de los calentitos, en Intendencia estaban los pabellones de los militares y por la parte del colegio grupo escolar José Antonio, en un lado estaban las cochera de la alta Comisaría y en el otro lado estaban las oficina militar de Intendencia y por la otra parte a espalda del Teatro Nacional, estaba el obrador de la panadería militar  donde hacían el pan diario para todo los cuarteles y para la casa de los militares, allí trabajaban día y noche, algunas de las ventana de mi casa daban a intendencia enfrente del colegio José Antonio y se podía ver  funcionar la panadería militar toda la noche,  dos día a la semana lunes, y viernes,  llegaban por la tarde noche, tres camiones Studebaker,  cargado de cepas de leña para los hornos, cuando los chóferes se iban para la oficina militar para decir que fuesen a descargar, nosotros aprovechábamos, y tres nos subíamos a uno de los camiones y otro tres se quedaban abajo con un saco de aspilleras grande y lo llenábamos de cepas, con el saco que pesaba un quintal salíamos Luneta par abajó hasta llegar al Horno donde se hacían los Calentitos y no lo cambiaban  por una bandeja grande llena de milhojas de chocolate, palmeras, y zeppelines calentitos del momento, de allí nos íbamos a la  plazoleta y todos los amigos y amigas al rededor de la bandeja hasta que dábamos fin de ella, y a espera el próximo día  que llegaran los camiones. Que buenos tiempos  aquellos años y que bien lo pasábamos, éramos unos golfillos sin maldad.

     Lo pasábamos estupendamente en todo su contorno en la plazoleta de Intendencia y en el Campillo. El Campillo era el solar que había al lado del colegio José Antonio, por el Campillo había una bajada al Parque, nosotros nos metíamos por allí para ir a por moreras, para alimentar a nuestros gusanos de seda, mas de una vez tuvimos que salir corriendo perseguidos por el guardia. El Campillo se solía usar para  montar  los Circos que llegaban a Tetuán, un año llego el Circo Prise, y conocimos a una chiquilla de nuestra edad que era hijas de una pareja de trapecista, se hizo muy amiga nuestra, nos enseñaba el Circo y sus animales,  alguna vez se vino con nosotros a la plazoleta a  jugar y ella a cambio nos colaba en alguna función, se llamaba Esperancita. 

     El contorno de Intendencia  era el lugar de reunión y juego nuestro. En el año 1957 en la plazoleta se rodaron escenas de la película Zarak Khan, ya os contare mis andanzas con los componentes de la misma. Bueno se me olvidaba en las viviendas de la cochera de la Alta Comisaría vivían dos hermanos amigos nuestros y en el angar ultimo de la cochera tenían una mona, un chimpancés igual a la de  Tarzan. La puñetera mona, era de cuidado y  tenía mala  leche. Cuando les dábamos un plátano o una manzana se ponía contenta pero cuando la hacíamos de  rabiar se cabreaba, empezaba a dar gritos y a tirarnos piedras,  teníamos que salir corriendo si no queríamos ser escalabrados por la mona,  teníamos que andar con cien ojos con la dichosa  mona. 

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Antiguas Cochera de la Alta Comisaria

Un relato de José Domínguez